21 octubre 2014

Mil novecientos violeta: todos hablaron de poesía y yo sólo supe hablar de cariño

Inés Martínez
I
No quería ir porque yo no era parte de aquel mapa que alguien había dibujado -poesía/joven/española-, lo mío era más bien tentativa/anacronismo/destierro. Cogí el tren, rocío en las manos, roca en el vientre, en la maleta un cargamento de oscuros recuerdos. Cogí el tren mientras en mi oído susurraba el ángel de la rabia, porque estaba incumpliendo mi promesa Madrid no, Madrid nunca, y todo era culpa del amor y la literatura otra vez, y mi mirada era un ventanal tras el cual crecía el deseo agónico de escapar de ese amor y esa literatura; y nada, repito, nada pudo mermar mi afán de dolor, ni tu rosa fresca perdiendo la vida junto a nuestros cuerpos inermes, en la cama limpia y extraña en la que lloré. Estoy aquí, repetías tenaz.

II 
No quería ir porque aún no estoy preparada para los interrogantes. No conozco el futuro del libro porque mi futuro me está prohibido. No comprendo la belleza porque la encuentro en cada recodo. De ahí que mi único argumento con sentido fuera que hay una persona en cada poema o un poema en cada persona. ¿Acaso no es así? Mirad a vuestro alrededor; quién no merece un lugar en la Historia. Querría haber dicho tantas cosas de las que palpitan aquí dentro. Pero la voz me fue tramposa: todos hablaron de poesía y yo sólo supe hablar de cariño. Porque es lo único que me unía a aquella circunstancia: mi afición a crear, a la gente común, a la dulce idea de la eternidad. Cariño, lo único que conozco. Lo único que he mamado siempre.

III
No quería ir porque no recordaba el calor del hermano lejano, o la emoción al descubrir desconocidos, o lo excitante de las noches que comienzan en angustia pero que desembocan en un edén improvisado. Si lo hubiera recordado no hubiera habido: llanto, dudas, ira, temblor.

IV
No quería ir pero fui. Y formé parte de ese mapa. Y contesté aquellas preguntas, aunque no sé hasta qué punto puedo alegar lucidez. Y abracé al hermano, a los desconocidos recién descubiertos; a algunos incluso los veneré el tiempo que duraron sus versos. Vislumbré un futuro hermoso en el que todo tenía cabida, la palabra y la multitud y la ternura y la pasión, y después volví a besarte: el pánico se había ido.

2 comentarios :

  1. Tuvo que ser un encuentro poético y unas charlas muy interesantes, seguro. Espero que las hayas disfrutado.

    Un beso.

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    Respuestas
    1. Fue un fin de semana precioso, lleno de nervios pero precioso.
      :)

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