02 diciembre 2014

Fuimos al encuentro de la lluvia pero huimos de su caricia.

  
Los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad.
Haruki Murakami

Toda bella travesía comienza con un largo insomnio, recuérdalo, Annie, mientras recorras tu ciudad natal con rumbo a este viaje, tu ciudad natal con su mutismo de madrugada y su asfalto húmedo y tu padre alarmado porque llegas tarde al autobús, pero eso es siempre, papá querido, para mí no existe el reloj cuando se trata de llegar a tiempo: al viaje a clase a una fiesta a la vida. Toda travesía comienza con la fatiga de la noche anterior, del baile loco, del susurro al oído, del sopor acre y familiar; y continúa carretera al norte, con el regusto del alcohol en la boca, y una vaga emoción el estómago, y la cercanía de tanta vida y juventud hermosa a mi alrededor. Tarragona: el viento nos reclama / nos exige una altura que no es nuestraFinjo que encuentro belleza en las ruinas pero en el fondo sé que es mentira, pues yo soy piedra, soy polvo, ¡no!, definitivamente escombro; y no puedo ofrecer belleza. Finjo que encuentro fuerza en el frío pero lo único que encuentro es un secreto deseo de calor -un calor concreto y localizado-. M. cae al pasar las doce y yo sobrevivo a pesar del sueño que se acumula; bebo cerveza directamente de la botella y hablo sin pausas, ¡cuerpo, placer!; veo estrellas rojas que abrasan dos ojos que me penetran ingenuamente pero ahí abajo nada responde; ¡buenas noches, estimados demonios! 
Qué irónico, Santes Creus: nos agolpamos bajo tu techo sin más pretexto que eludir el llanto que desborda el cielo, no para admirar -o intentar admirar- tu perfecta solidez. Porque vemos vacío y no paz en tus salas infinitas. Qué irónico: subimos al bus conociendo el pronóstico del tiempo y aquí estamos, asustados, escondidos, sí; fuimos al encuentro de la lluvia pero huimos de su caricia.
Barcelona; el Museo Egipcio sólo alberga muerte. ¿Alguien se da cuenta de ello? Sólo un cristal separa el sueño sagrado de nuestras manos, sucias, profanas, sacrílegamente vivas. Barcelona; todos mis chistes sólo albergan un dolor, tan voluble e impreciso como concreta y localizada es su cura -el calor, otra vez el calor, y siempre el calor... dormir para siempre; caminar feliz, tranquila, hacia la cúspide...-. Toda travesía termina en Barcelona, ¿recuerdas, Annie?; el viaje de Coré, el final de la etapa, el final del libro, ¿por qué no hoy?, ¿por qué no al fin?; tienes la sangre, tienes el filo, pero eres cobarde...
Triste y salada recuérdate, Annie, dejando Valencia tras de ti. Ya no será más la ciudad de aquella tarde de abril sino la de esta última mañana de noviembre en la que descubres que no estás sola, al menos no mientras estén cerca y te vean llorar como has llorado; el ángel alegre, el seré tu amigo pronunciado con firmeza, o aquel que gira la cabeza para no verte llorar. Porque alguien adivina o incluso conoce aquello que odias ser con toda tu alma: triste y salada; salado tu pelo, tus pestañas, salada tu boca de pez y hiel; salada y despierta como una condena mientras todos duermen. Sécate, llénate de ternura una vez más, y regresa a casa.

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